Quiénes somos
Somos educadoras en todo lo que hacemos. Para nosotras, la enseñanza se extiende más allá de la sala de clases, hacia las vidas de las personas a quienes servimos, en especial las mujeres, los niños y las personas que son pobres. Impulsadas por el Espíritu y la misión de Jesús, educamos con una visión mundial, pues creemos que el mundo puede ser cambiado mediante la transformación de las personas. Trabajamos para capacitar a otros a través de la educación, esparciendo el mensaje de Jesús sobre el amor y la unidad.
Hemos escuchado el grito de nuestro mundo. Aunque preciosa y bella en el plan de Dios, la tierra y sus pueblos existen hoy en una condición frágil, dividida y fragmentada.
A la vez que experimentamos esperanza en los muchos esfuerzos hacia la colaboración y el crear paz en la comunidad humana, también vemos que el crecimiento de la globalización está haciendo más ancha la brecha entre ricos y pobres. Apreciamos el pluralismo rico de las culturas y religiones del mundo. Pero también vemos cuán frecuentemente los seres humanos responden a otros desde la ignorancia, con hostilidad y violencia.
Como respuesta, abrimos nuestras vidas enteras hacia la transformación radical para la causa de la misión de Jesucristo, para que toda la creación sea una en la plenitud del amor de Dios.
En este momento de nuestra historia sagrada, la transformación radical exige que:
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Nos demos, como mujeres religiosas apostólicas, a la contemplación como una forma de vida, sacando cada vez más profundamente del corazón del amor de Dios revelado a nosotras en Jesucristo.
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Nos involucremos en el desarrollo teológico y la reflexión teológica para poder aclarar, comprender y vivir nuestra espiritualidad y carisma de HEND con un vigor renovado en la Iglesia y en nuestro mundo de hoy.
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Nos comprometamos con una nueva convicción a la visión educativa de Somos Enviadas, para que el mundo pueda ser cambiado por medio de la transformación de las personas. (SE, C22, 24)
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Nos abramos a las conversiones personales y comunitarias necesarias para abrazar nuestra responsabilidad evangélica de vivir con sencillez, haciendo nuestras las preocupaciones de los pobres y teniendo reverencia hacia toda la creación. (SE, C16-17, DG 17-19)
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Demos testimonio profético de la reconciliación y la unidad por la forma en que vivimos juntas en comunidad local y en nuestra congregación multicultural e internacional.


