Nuestro Carisma
NUESTRO CARISMA, don del Espíritu, se encarnó en la Beata María Teresa de Jesús Gerhardinger, quien, anhelando la unión de todo en Dios cimentó la congregación en la Eucaristía, la afianzó en la pobreza y la dedicó a María.
Madre Teresa, mujer de fe, buscando siempre la voluntad de Dios, luchó por la unidad en nuestra comunidad internacional y respondió a necesidades urgentes, prefiriendo a los pobres y educando con una visión global.
Nuestro carisma fluye de nuestra herencia espiritual, especialmente de los dones de:
San Agustín, quien formó una comunidad para que fuese de un corazón y un espíritu en Dios, viendo en la Trinidad la base, fuente y meta de toda comunidad;
La Beata Alicia Le Clerc y San Pedro Fourier, quienes dieron una nueva dirección a la vida religiosa, insistiendo en que el ministerio fuera parte integral de la comunidad que fundaron;
El obispo Miguel Wittmann y Francisco Sebastián Job, quienes tuvieron un interés especial por la educación cristiana de las niñas, comprendiendo lo que debía ser la mujer si la familia humana había de mejorar;
La Madre Carolina Friess, quien a través de su valiente liderato adaptó la congregación a la vida en otro continente, interpretando con percepción los signos de los tiempos, arriesgándose a ofrecer respuestas innovadoras a las necesidades del nuevo mundo.
Nuestro carisma continúa desarrollándose en la comunidad viviente, la cual, enriquecida por el pasado, capacita a la congregación para extenderse en el presente y ser retada por el futuro.
Prólogo de Somos Enviadas

