Historias Vocacionales

9
May

Mi vocación germinó temprano dentro de mi familia.  Nací en San Luís, Missouri en los Estados Unidos, la segunda niña , y fui bautizada Barbara Ann.. La familia completa cuenta con 4 niños, mi hermana mayor Collete, yo, mi hermana Joan, y por fin un hermano, David.  Mis padres nos introdujeron a la vida espiritual en la casa, y en la iglesia.  Yo recuerdo leyendo desde mi juventud las vidas de los santos, las historias bíblicas y la revista Maryknoll.  Fuimos a las devociones del Perpetuo Socorro cada martes en la parroquia, la misa dominical, y cuando entré en la escuela parroquial  había el  privilegio de misa diario. Empezamos y cerramos  cada día con oraciones en familia.

Mis primeras maestras fueron Hermanas Educadoras de Notre Dame en la escuela parroquial.  Y durante la depresión en los Estados Unidos mi padre siempre llevó algo de comida a las Hermanas en su convento.  Estas visitas continuaron de vez en cuando durante mi niñez.

En los años 40´s mis padres se trasladaron con la familia de la ciudad grande en San Luís, Missouri a  un área agrícola al otro lado del estado para iniciar la vida como campesinos.  Los enlaces con la Hermanas Educadoras de Notre Dame terminaron.  En esta área rural  continué mi educación  en  la escuela del pueblo Glennonville.

No pensé mucho de ser monja durante mi educación secundaria excepto por mi atracción a la vida misionera de los Maryknolls.  Cuando llegué al grado noveno, la pequeña escuela  fue cerrada por el Estado que quiso consolidar las pequeñas escuelas rurales en centros educativos grandes. En mi clase había solamente cinco muchachas, y nuestros padres quisieron que siguiéramos estudiando en escuelas católicas.  Entonces nos mandaron a otros lugares para la educación.

Yo, con solamente l3 años dejé la familia para vivir con mi tío, mi tía, y mi abuela, otra vez en San Luís donde  nací. Entré a un colegio Católico dirigido por las Hermanas Educadoras de Notre Dame.  Aquí empecé el contacto con ellas de nuevo.  En este tiempo conocía a la Hermana Rosaire Helling que formó parte de las primeras pioneras en Honduras.

Dentro de mí crecía una inquietud.  Pensé  que posiblemente Dios estaba llamándome.  Algunas veces yo fui a visitar a mi hermana mayor, Collete en la Casa Madre de las Hermanas Educadoras de Notre Dame donde ella estaba estudiando como aspirante, y el anhelo de vivir más como ésta se arraigó dentro de mi.

Entonces en mi tercer año de colegio fui a pedir permiso para alargar el tiempo del feriado pascual, permitiéndome  regresar donde mi familia que se encontraban tan lejos de la ciudad de San Luís.  La directora, Hermana Miriam, me concedió el permiso para tener una semana de vacación  pero añadió una pregunta muy directa: ´´¿Barbara, ha pensado en ser monja?´´  Que asusto a oír esto, pero mi respuesta era,  sí.  La Hermana Miriam siguió con preguntas directas.  ´´¿ Ha hablado con sus padres?´´  y otro vez yo respondí que no.

Era durante esta visita con mi familia que tuve la fortaleza de pedir mis padres su permiso y su bendición para entrar en el convento.  Después del asusto, de la sorpresa, y conversaciones me dieron  el permiso.

Regresando a San Luís inicié las preparaciones para entrar al convento.  Terminé mis estudios secundarios en tres años en vez de cuatro años y entré como candidata en la congregación Hermanas Educadoras de Notre Dame en septiembre de l955: ¡ La gran aventura que sigue vigente hoy cincuenta y tres años después!

Preparada para ser maestra de jóvenes de secundaria yo enseñé  biología, química, ciencias naturales y otros materiales en una variedad de colegios en los Estados Unidos.   La vida es bella e interesante y para compartirla con Jesús y con jóvenes me da alegría.  Mi tarea extracurricular fue coordinar el vestuario para los teatros en los colegios donde me encontraba.  También organicé  los clubes de ecología, otra fuente de gozo para mí.

Pasé mi aniversario de 25 años en los Estados Unidos como profesa y ¡adivine que  pasó¡  Una segunda llamada  voluntaria para  vivir y trabajar en las misiones extranjeras en América Central.  Entonces en l985 recibí un calurosa bienvenida en Honduras y específicamente en el colegio Instituto Notre dame en El Progreso, Yoro , donde comparto mis dones como maestra y bibliotecaria hoy en día.  Aquí somos educadoras en las aulas, y afuera de las aulas.  Pasé siete años haciendo trabajo pastoral en el  área rural de Sulaco, Victoria, San Antonio, Yoro, un acercamiento más profundo al corazón de los hondureños. Y estaba en Victoria para dar un taller para catequistas cuando vino MITCH cambiando la faz de la tierra en Honduras.  Tres meses después,  regresé a El Progreso para ayudar con los refugiados del huracán.  Se acercó la fecha para iniciar clases en el colegio cuando una maestra de inglés se cayó y fracturó su pierna haciendo imposible su trabajo en el Instituto Notre Dame.  La administradora me  pedió regresar al colegio como maestra.  Todavía sigo con ganas en el ministerio de la enseñanza.  He pasado los 50 años de mi vida en la vida religiosa y quien sabe que más aventuras voy a experimentar.  Esta vida como religiosa de las Hermanas Educadoras de Notre Dame tiene la misión de llevar a todos a la unidad para la cual Jesucristo fue enviado.  Con El estoy contenta a seguir la misión hasta el fin.

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9
May

Soy Hermana Beyssa Apolinario Rojas, soy peruana y  de Lima.  De una familia de 9 hermanos 5 mujeres y 4 varones, yo soy la número 9.

Viví en el  Distrito de Comas, Lima- Perú y estudie en colegios estatales no religiosos.

Durante mi infancia y  adolescencia  participé  en mi parroquia NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ en Comas., y conocía a las hermanas, de Nuestra Señora de los Ángeles y a las Hnas de la Presentación de María, mis hermanas estudiaron en el colegio que ellas dirigen.

Recibí mi primera comunión y confirmación al mismo tiempo  cuando tenía  16 años, y entré a conformar el grupo juvenil  de la parroquia, en este grupo yo me sentía muy feliz, aunque  no teníamos un compromiso con la comunidad, pues nos reuníamos para compartir  oración y reflexionar y luego hacer vida Social.

Desde que estaba en  3ro de Secundaria, una compañera de colegio (Mirta) siempre me compartía de su parroquia y de todo lo que ella hacia, era catequista y  etc, etc,  y  compartía mucho de las Madres de su Parroquia,

Un día que necesitaba vender tarjetas para una fiesta POP,  para sacar fondos para irnos de campamento (ya estaba en 5to. De secundaria),  pedí  a Mirta que me ayudara vendiendo tarjetas  a sus amigos,  pero  el trato era, que ella me ayudaba a vender las tarjetas con la condición de que yo tenía que ir  a misa  para conocer su  parroquia y a las famosas hermanas  de su parroquia,(Las Hermanas Educadoras de Notre Dame) finalmente fuimos a la fiesta y hemos gozado mucho.

Al día siguiente de la fiesta yo muy temprano  fui  por primera vez a su parroquia , me presentó a las hermanas, después de misa  daban la clase de  catequesis a los niños para su primera comunión, pero  ese día  faltó un catequista y la hermana Petra, que recién la había conocido ese día,  me preguntó  si yo podía dar el tema, bueno  yo sentía  como  que siempre había querido ser catequista así  que acepté , la hermana me explicó como dar el tema,  al término de la clase  yo estaba muy feliz según la hermana, lo había hecho  muy bien,  y  luego la hermana,  dijo que el joven catequista ya no regresaría se lo había llevado la leva y ahora estaba en el ejercito,  así que   me pidió quedar como catequista yo no lo pensé dos veces y acepté, fue así que  nunca más regresé a mi parroquia,  no llegué a ir al campamento, a los días siguientes fui a la casa de mis amigos para explicarle que ya no participaría con ellos,  y les dije que sentía que en  la Parroquia Santiago Apóstol había  mas necesidad. Es así como conozco a las Hermanas Educadoras de Notre Dame (HEND)

Las hermanas Educadoras,  me  rompieron  el paradigma de hermanas  que yo conocía, pues las que yo conocía usaban hábitos,  me  inspiraban mucho respeto  y siempre guarde distancia, solamente las saludaba,  y ahora con  las HEND después de cada reunión, ó preparación de tema,  reíamos, jugábamos: voley, bata, a las cartas y  etc etc.,  celebrábamos lo cumpleaños ellas bailaban  y no usaban hábito, y sobre todo se daba  catequesis con una teología  liberadora, yo estaba súper  feliz, era como que había encontrado mi lugar.

Las hermanas  participaban en  las reuniones con las comunidades vecinales y les acompañaban a la gente en sus luchas,  en  las marchas a Palacio de Gobierno,  reclamado justicia por el costo de vida, otras veces  solicitando agua potable para   los pueblos de los cerros de la parte muy alta de comas,  por la luz eléctrica;  eran los tiempos que si la gente no hacia marchas  de protesta, las autoridades no las atendían.

continue..

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9
May

Mi despertar vocacional empezó con mi mamá. Ella siempre hablaba que quería tener una hija religiosa  y mi hermana mayor quería ser religiosa pero no tubo la oportunidad.  Cuando llegaron a Yoro unas hermanas de Olanchito, yo estaba en ese lugar con el coro de la aldea de Santa Marta. Aquí conocí a esas hermanas. Les dije que me gustaría entrar a la vida religiosa, pero ellas solo vinieron una vez y no hubo más contacto después.

Cuando las hermanas de Notre Dame, la hermana Pacual y Ezra llegaron a Yoro en 1954, yo estaba en la escuela de Yoro en cuarto grado. A las hermanas les expresé mi deseo de ser religiosa, pero me dijeron que tenía que  terminar la primaria. Después que terminé la primaria, un sacerdote amigo de la familia el P. Jose Wade Jesuita  habló con las hermanas en El Progreso para que me aceptaran como aspirante.

Estuve dos años de secundaria en el colegio San José pero se me hacía difícil el estudio. De manera que expresé a las hermanas que quería ser hermana de casa. Así les decían en ese tiempo a las hermanas que no estudiaban y ofrecían servicios comunitarios. Entonces en 1959 el 27 de diciembre recibí el velo de postulante, y el 29 de diciembre me fui a San Luís Missouri para hacer el postulantado. Llegué  a las 5 de la mañana y no había nadie para encontrarme en el aeropuerto, y mi inglés era muy pobre.  Entendía un poco pero no lo hablaba, me fui a una cafetería y una señora muy amable me dio café y llamó a la Casa Madre para que alguien viniera por mi. Yo llevaba un papel diciendo quien era yo y el número de teléfono de la Casa Madre. Fue una aventura, empezar una nueva vida con una cultura  e idioma diferente. Esta experiencia me ayudó mucho ya que tendría que seguir viviendo situaciones similares porque no entendía todo pero que con la ayuda al principio de cinco compañeras que hablaban español superaría los obstáculos.

Regresé a Honduras después de 12 años.

Ahora ya tengo 46 años en la congregación, con muchas experiencia en Roma , Puerto Rico y ahora de nuevo en mi país. Vivo en Casa Nuestra en El Progreso con la hermana Rosa Maria y cuatro jóvenes de San Francisco de Opalaca. Es una experiencia bonita

Leticia Ferrera

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