Archive for May, 2008
May
Soy Hermana Beyssa Apolinario Rojas, soy peruana y de Lima. De una familia de 9 hermanos 5 mujeres y 4 varones, yo soy la número 9.
Viví en el Distrito de Comas, Lima- Perú y estudie en colegios estatales no religiosos.
Durante mi infancia y adolescencia participé en mi parroquia NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ en Comas., y conocía a las hermanas, de Nuestra Señora de los Ángeles y a las Hnas de la Presentación de María, mis hermanas estudiaron en el colegio que ellas dirigen.
Recibí mi primera comunión y confirmación al mismo tiempo cuando tenía 16 años, y entré a conformar el grupo juvenil de la parroquia, en este grupo yo me sentía muy feliz, aunque no teníamos un compromiso con la comunidad, pues nos reuníamos para compartir oración y reflexionar y luego hacer vida Social.
Desde que estaba en 3ro de Secundaria, una compañera de colegio (Mirta) siempre me compartía de su parroquia y de todo lo que ella hacia, era catequista y etc, etc, y compartía mucho de las Madres de su Parroquia,
Un día que necesitaba vender tarjetas para una fiesta POP, para sacar fondos para irnos de campamento (ya estaba en 5to. De secundaria), pedí a Mirta que me ayudara vendiendo tarjetas a sus amigos, pero el trato era, que ella me ayudaba a vender las tarjetas con la condición de que yo tenía que ir a misa para conocer su parroquia y a las famosas hermanas de su parroquia,(Las Hermanas Educadoras de Notre Dame) finalmente fuimos a la fiesta y hemos gozado mucho.
Al día siguiente de la fiesta yo muy temprano fui por primera vez a su parroquia , me presentó a las hermanas, después de misa daban la clase de catequesis a los niños para su primera comunión, pero ese día faltó un catequista y la hermana Petra, que recién la había conocido ese día, me preguntó si yo podía dar el tema, bueno yo sentía como que siempre había querido ser catequista así que acepté , la hermana me explicó como dar el tema, al término de la clase yo estaba muy feliz según la hermana, lo había hecho muy bien, y luego la hermana, dijo que el joven catequista ya no regresaría se lo había llevado la leva y ahora estaba en el ejercito, así que me pidió quedar como catequista yo no lo pensé dos veces y acepté, fue así que nunca más regresé a mi parroquia, no llegué a ir al campamento, a los días siguientes fui a la casa de mis amigos para explicarle que ya no participaría con ellos, y les dije que sentía que en la Parroquia Santiago Apóstol había mas necesidad. Es así como conozco a las Hermanas Educadoras de Notre Dame (HEND)
Las hermanas Educadoras, me rompieron el paradigma de hermanas que yo conocía, pues las que yo conocía usaban hábitos, me inspiraban mucho respeto y siempre guarde distancia, solamente las saludaba, y ahora con las HEND después de cada reunión, ó preparación de tema, reíamos, jugábamos: voley, bata, a las cartas y etc etc., celebrábamos lo cumpleaños ellas bailaban y no usaban hábito, y sobre todo se daba catequesis con una teología liberadora, yo estaba súper feliz, era como que había encontrado mi lugar.
Las hermanas participaban en las reuniones con las comunidades vecinales y les acompañaban a la gente en sus luchas, en las marchas a Palacio de Gobierno, reclamado justicia por el costo de vida, otras veces solicitando agua potable para los pueblos de los cerros de la parte muy alta de comas, por la luz eléctrica; eran los tiempos que si la gente no hacia marchas de protesta, las autoridades no las atendían.
May
Mi despertar vocacional empezó con mi mamá. Ella siempre hablaba que quería tener una hija religiosa y mi hermana mayor quería ser religiosa pero no tubo la oportunidad. Cuando llegaron a Yoro unas hermanas de Olanchito, yo estaba en ese lugar con el coro de la aldea de Santa Marta. Aquí conocí a esas hermanas. Les dije que me gustaría entrar a la vida religiosa, pero ellas solo vinieron una vez y no hubo más contacto después.
Cuando las hermanas de Notre Dame, la hermana Pacual y Ezra llegaron a Yoro en 1954, yo estaba en la escuela de Yoro en cuarto grado. A las hermanas les expresé mi deseo de ser religiosa, pero me dijeron que tenía que terminar la primaria. Después que terminé la primaria, un sacerdote amigo de la familia el P. Jose Wade Jesuita habló con las hermanas en El Progreso para que me aceptaran como aspirante.
Estuve dos años de secundaria en el colegio San José pero se me hacía difícil el estudio. De manera que expresé a las hermanas que quería ser hermana de casa. Así les decían en ese tiempo a las hermanas que no estudiaban y ofrecían servicios comunitarios. Entonces en 1959 el 27 de diciembre recibí el velo de postulante, y el 29 de diciembre me fui a San Luís Missouri para hacer el postulantado. Llegué a las 5 de la mañana y no había nadie para encontrarme en el aeropuerto, y mi inglés era muy pobre. Entendía un poco pero no lo hablaba, me fui a una cafetería y una señora muy amable me dio café y llamó a la Casa Madre para que alguien viniera por mi. Yo llevaba un papel diciendo quien era yo y el número de teléfono de la Casa Madre. Fue una aventura, empezar una nueva vida con una cultura e idioma diferente. Esta experiencia me ayudó mucho ya que tendría que seguir viviendo situaciones similares porque no entendía todo pero que con la ayuda al principio de cinco compañeras que hablaban español superaría los obstáculos.
Regresé a Honduras después de 12 años.
Ahora ya tengo 46 años en la congregación, con muchas experiencia en Roma , Puerto Rico y ahora de nuevo en mi país. Vivo en Casa Nuestra en El Progreso con la hermana Rosa Maria y cuatro jóvenes de San Francisco de Opalaca. Es una experiencia bonita
Leticia Ferrera
May
Fecha de nacimiento: 20 de noviembre de 1971
Fecha de ingreso en la congregación: marzo de 1998
Hermanas que acompañaron mi caminar: Mirta Cucchetti, Hedy Gunter,
Yvonne Nosal y Beyssa Apolinario
Antes de empezar a contar la historia de mi vida vocacional en la congregación, agradezco a Dios por estar presente a lo largo de mi vida y a mi familia que cultivó en mi la vocación cristiana y esto condujo a una vocación más amplia como mi vida religiosa. ¡GRACIAS!
Cuando era pequeña no era conciente de lo que era la fe, pero a medida que crecía fui dándome cuenta que había algo especial en mi, mi madre tuvo que ver mucho porque ella me animaba en mi fe y compromiso con la Iglesia, a papá no le gustaba participar mucho en la Iglesia.
Cuando a los quince años empecé a preguntarme: podré ser religiosa? Esto surge porque las profesoras de religión en mi colegio eran hermanas y ellas, las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón, fueron las que despertaron esta curiosidad y preguntas en mi; me atraía su forma de ser, su entrega generosa para con los demás, sus sonrisas, amables y tan atentas para apoyar en todo lo que la gente tenía que realizar, especialmente cantar en el coro y animar a la gente en su fe.
Pasaron los años y decidí ir a Lima para trabajar, estudiar y salir adelante para entrar un día en el convento, pero pasaron los años y entre los estudios, trabajo, asuntos familiares, también viví una etapa de enamoramiento y experiencias que enriquecieron mi vida. No me detuve a pensar en esto, hasta que a una edad determinada (25) me hice la pregunta: que haré de mi vida? una cosa que me pregunté era si debía casarme, pero esto no me llenaba y daba vida, entonces en la búsqueda de que sería lo que realmente Dios quería para mi, un buen día ingresó a mi trabajo una monja con hábito como las de mi pueblo y mi corazón se inquietó, se llenó de paz y me pregunté será esto lo que estoy esperando y le pregunté a la hermana: ¿Cómo se hace para averiguar si puedo ser monja?, ella me miró sorprendida y me dijo: ¿Tú quieres ser monja? Y me miró de pies a cabeza, si, le dije y ella me invitó a participar a un encuentro que sería el sábado de esa semana. Llegó el sábado, me fui bien temprano a esperarla y ella nunca apareció, entonces ingresé a la capilla que está cerca de la casa de mi hermana y decidí apoyar a los jóvenes con mas dedicación, fue donde conocí a una de las hermanas Educadoras de Notre Dame, poco a poco con el tiempo y los días me fui dando cuenta que talvez este era el camino que debía seguir, Mirta me ayudó a descubrirlo y como dije mi vocación es como una planta, ella fue la jardinera que empezó a guiar mi caminar y todo estaba como preparado para sembrar, cuando hablé con ella de esta inquietud y búsqueda, empezaba una jornada de discernimiento y así lo hice… unas semanas después que empecé me llamó la hermana que quedó en buscarme, no llegó a la cita porque enfermó y recién podía comunicarse conmigo… así son los caminos de Dios, inciertos, pero sabe lo que hace, empecé mi acompañamiento y cada vez me sentía llamada a responder con un “SI” más generoso. Lo que me atrajo era Jesús, entregó su vida por todos nosotros y nosotras pensando en que la humanidad tendría la oportunidad de salvarse y necesita de nuestra ayuda y colaboración para lograrlo, entonces, porque mi vida no puede quedarse a su disponibilidad para ayudarle en esta gran tarea de evangelizar y mostrar al mundo que se puede ser feliz renunciando a todo para seguirle… cada vez profundicé esto y me hacía feliz entregar mi vida a una consagración perpetua. Llevo ahora diez años en la congregación casi lista para los votos perpetuos y puedo decir que he sido muy feliz, esto no quiere decir que todo es hermoso, el camino es largo, duro, con mucho sufrimiento, pero que ayuda a fortalecer nuestra fe, compromiso y me ayudó a madurar mi “SI” a Jesús y a la congregación; he tenido muchas dudas de algunas situaciones y hasta preguntarme:¿Será el camino correcto? ¿Será la congregación que Dios quiere para mi? ¿Necesitaré mas tiempo para mirar más cosas? Eso surge en el camino porque como dice Jesús en su evangelio: “Les he dado ha conocer todo, y deben saber que el camino es un camino de mucho sufrimiento”, pero añade: ¡ Sean valientes! Y promete estar con nosotras todos los días de nuestra vida. Nunca he dudado de mi vocación porque he estado segura de lo que realmente me hace feliz y soy feliz. Las dificultades facilitaron pulir el oro que hay en mi para comprometerme mucho más con el Reino y la congregación, ahora puedo sentir que las dificultades fortalecen, animan, guían por un camino mas firme y se ama más la vocación.
Culmino este compartir, agradeciendo a todas las hermanas que han caminado a mi lado para animar mi vocación, especialmente a las que han confiado en mi, a las que me ayudaron a fortalecer mis dones antes que criticarlos, a las que rezaron incansablemente para mi y a las que en todo pueden ver la buena voluntad y han visto a Jesús en mi, GRACIAS hermanas en Jesús y María, su hermana,
Nina Arguedas

