Archive for May, 2008
May
Desde pequeña me llamaba la atención la vida religiosa por las hermanas que enseñaban en la escuela donde yo estudiaba. Pero era hasta que estaba en los últimos años del estudio secundario que tomé en serio mi atracción. No fue tan fácil decidir porque también tenía un novio que era muy buen muchacho y fácilmente me imaginaba algún día casándome con él y teniendo una familia. Ya que veo por atrás me siento muy agradecida porque él me apoyaba bastante en mi búsqueda.
Recuerdo compartiendo con un amigo mi deseo de hacer la voluntad de Dios pero no estaba segura como saber lo que era su voluntad. El me decía con mucha sencillez que lo que Dios más quiere es que yo esté feliz. Para Dios no hay un mejor camino, menos él que me va a traer la felicidad. Eso me ayudó mucho a relajarme porque sentía que yo sería feliz siendo religiosa o casada.
Por naturaleza me gusta colaborar y ayudar a los demás. Siento una atracción especial por la gente sencilla y pobre. No estaba segura en que manera quería servir al pueblo de Dios pero era cada vez más claro que quería dedicar mi vida para el bien del pueblo.
Decidí entrar con las Hermanas de Notre Dame en 1975, un año después de graduarme del secundario. Ya había comenzado mis estudios en la universidad. Durante postulantado me sentía muy en casa con la vida comunitaria porque vengo de una familia grande y tenía mucha práctica en el compartir de responsabilidades de la casa, gozar la presencia de uno al otro y enfrentar los roces que se dan en cualquier grupo. Cada mes cuando regresaba a la casa para ver a mi familia, venía él que había sido mi novio para ver como me sentía y si iba a seguir con las hermanas. Hasta el día de hoy somos buenos amigos y yo pude celebrar con él y su esposa cuando se casaron.
Lo que ha enriquecido mi vocación con mayor profundidad ha sido poder conocer, enamorarme y quedarme con el pueblo de América Latina. Me siento muy en casa y a la vez siempre retada a vivir el evangelio en toda su radicalidad. El mismo pueblo fortaleza mi compromiso por su entrega en el diario vivir que muchas veces es tan difícil pero lo hacen con una gran alegría. Su fe profunda y a la vez sencilla en nuestro Dios de la vida que siempre camina con ellos es un testimonio que se vuelve en gracia para mí y me impulsa a decir sí una y otra vez.
Quiero seguir compartiendo este regalo de la vocación a la vida religiosa con otras mujeres que también quieren entregar su vida a Dios a través del servicio al pueblo de Dios, viviendo en comunidad. Te invito considerar la posibilidad en tu vida.
Agradecida,
Mary Kennedy
May
Yo vengo de una familia muy religiosa por parte de mamá. Era a través de ella que todos nosotros tres hijos atendimos un colegio católico y recibimos las instrucciones en la fe. Lo hizo sin mucho apoyo de mi papá con una insistencia infatigable. Durante mis primeros ocho años de estudios yo conocía las H.E.N.D en nuestra Parroquia, Cristo Rey, en Corpus Christi, Texas, Siempre admiré la dedicación y sencillez de sus vidas. Cuando fuera posible, yo fui al convento y colegio para ayudarles con cualquiera cosa y fue atraída a su estilo de vida. Fue en realidad algo misterioso para mí pero siempre me sentía alegre con ellas. Fue evidente el compromiso a la buena enseñanza y como ellas quisieron hacer lo mejor para nosotros como alumnos.
A pesar de considera otras careras como enfermería y afrontando la pregunta normal sobre mi futuro con los chicos y la posibilidad de ser madre un día, yo decidí irme a un colegio internado por mis estudios secundarios con el fin de tener mas cercanía con las Hermanas y experimentar algo de la vida comunitaria. Mi mamá me dio todo su apoyo; mi papa era contra la idea pero después de escucharme llorar tanto y pedir varias veces, el me dio permiso. Fueron cuatro años de crecimiento durante lo cual yo aprendí mucho sobre mis dones, habilidades y potencialidades. Yo quede con mi familia durante los tiempos de vacaciones y con mis compañeras y las Hermanas durante el tiempo escolar. Fueron años de mucha alegría.
Con mis 18 años yo entré la Congregación como postulante en la provincia de Dallas, Texas. Durante los años de formación hasta mis votos perpetuos yo luché conocer la voluntad de Dios. Habían muchos momentos de dudas y inquietudes pero siempre salí de cada crisis mas convencida que Dios estaba llamándome seguir a el.
Hoy estoy cumpliendo 40 años de vida religiosa. He sido profesora, administradora de un colegio, y supervisora de las escuelas católicas diocesanas según el carisma de la Congregación. Después de muchos años de involucrarme en educación formal, me sentí el llamado cambiar mi profesión y ser terapeuta familiar; algo que yo he disfrutado esos últimos 15 años de mi vida. Para mi es otra manera ayudar la gente alcanzar su potencialidad como persona.
Con mis 50 años de edad me sentí el llamado de Dios hacer algo un poco mas drástico con mi vida y pedí la oportunidad servir en una misión en Guatemala. Desde entonces empezó mi nueva vida en América Latina acompañando los más pobres y necesitados en la sanción de sus heridas emocionales.
No hay palabras de agradecimiento que son suficientes para expresar como me siento por haber sido elegida por Dios ser miembro de esa Congregación. En los bajos y altos, Dios siempre ha sido fiel a mi y me ha dado mas bendiciones que yo podía imaginar.
May
Mi vocación germinó temprano dentro de mi familia. Nací en San Luís, Missouri en los Estados Unidos, la segunda niña , y fui bautizada Barbara Ann.. La familia completa cuenta con 4 niños, mi hermana mayor Collete, yo, mi hermana Joan, y por fin un hermano, David. Mis padres nos introdujeron a la vida espiritual en la casa, y en la iglesia. Yo recuerdo leyendo desde mi juventud las vidas de los santos, las historias bíblicas y la revista Maryknoll. Fuimos a las devociones del Perpetuo Socorro cada martes en la parroquia, la misa dominical, y cuando entré en la escuela parroquial había el privilegio de misa diario. Empezamos y cerramos cada día con oraciones en familia.
Mis primeras maestras fueron Hermanas Educadoras de Notre Dame en la escuela parroquial. Y durante la depresión en los Estados Unidos mi padre siempre llevó algo de comida a las Hermanas en su convento. Estas visitas continuaron de vez en cuando durante mi niñez.
En los años 40´s mis padres se trasladaron con la familia de la ciudad grande en San Luís, Missouri a un área agrícola al otro lado del estado para iniciar la vida como campesinos. Los enlaces con la Hermanas Educadoras de Notre Dame terminaron. En esta área rural continué mi educación en la escuela del pueblo Glennonville.
No pensé mucho de ser monja durante mi educación secundaria excepto por mi atracción a la vida misionera de los Maryknolls. Cuando llegué al grado noveno, la pequeña escuela fue cerrada por el Estado que quiso consolidar las pequeñas escuelas rurales en centros educativos grandes. En mi clase había solamente cinco muchachas, y nuestros padres quisieron que siguiéramos estudiando en escuelas católicas. Entonces nos mandaron a otros lugares para la educación.
Yo, con solamente l3 años dejé la familia para vivir con mi tío, mi tía, y mi abuela, otra vez en San Luís donde nací. Entré a un colegio Católico dirigido por las Hermanas Educadoras de Notre Dame. Aquí empecé el contacto con ellas de nuevo. En este tiempo conocía a la Hermana Rosaire Helling que formó parte de las primeras pioneras en Honduras.
Dentro de mí crecía una inquietud. Pensé que posiblemente Dios estaba llamándome. Algunas veces yo fui a visitar a mi hermana mayor, Collete en la Casa Madre de las Hermanas Educadoras de Notre Dame donde ella estaba estudiando como aspirante, y el anhelo de vivir más como ésta se arraigó dentro de mi.
Entonces en mi tercer año de colegio fui a pedir permiso para alargar el tiempo del feriado pascual, permitiéndome regresar donde mi familia que se encontraban tan lejos de la ciudad de San Luís. La directora, Hermana Miriam, me concedió el permiso para tener una semana de vacación pero añadió una pregunta muy directa: ´´¿Barbara, ha pensado en ser monja?´´ Que asusto a oír esto, pero mi respuesta era, sí. La Hermana Miriam siguió con preguntas directas. ´´¿ Ha hablado con sus padres?´´ y otro vez yo respondí que no.
Era durante esta visita con mi familia que tuve la fortaleza de pedir mis padres su permiso y su bendición para entrar en el convento. Después del asusto, de la sorpresa, y conversaciones me dieron el permiso.
Regresando a San Luís inicié las preparaciones para entrar al convento. Terminé mis estudios secundarios en tres años en vez de cuatro años y entré como candidata en la congregación Hermanas Educadoras de Notre Dame en septiembre de l955: ¡ La gran aventura que sigue vigente hoy cincuenta y tres años después!
Preparada para ser maestra de jóvenes de secundaria yo enseñé biología, química, ciencias naturales y otros materiales en una variedad de colegios en los Estados Unidos. La vida es bella e interesante y para compartirla con Jesús y con jóvenes me da alegría. Mi tarea extracurricular fue coordinar el vestuario para los teatros en los colegios donde me encontraba. También organicé los clubes de ecología, otra fuente de gozo para mí.
Pasé mi aniversario de 25 años en los Estados Unidos como profesa y ¡adivine que pasó¡ Una segunda llamada voluntaria para vivir y trabajar en las misiones extranjeras en América Central. Entonces en l985 recibí un calurosa bienvenida en Honduras y específicamente en el colegio Instituto Notre dame en El Progreso, Yoro , donde comparto mis dones como maestra y bibliotecaria hoy en día. Aquí somos educadoras en las aulas, y afuera de las aulas. Pasé siete años haciendo trabajo pastoral en el área rural de Sulaco, Victoria, San Antonio, Yoro, un acercamiento más profundo al corazón de los hondureños. Y estaba en Victoria para dar un taller para catequistas cuando vino MITCH cambiando la faz de la tierra en Honduras. Tres meses después, regresé a El Progreso para ayudar con los refugiados del huracán. Se acercó la fecha para iniciar clases en el colegio cuando una maestra de inglés se cayó y fracturó su pierna haciendo imposible su trabajo en el Instituto Notre Dame. La administradora me pedió regresar al colegio como maestra. Todavía sigo con ganas en el ministerio de la enseñanza. He pasado los 50 años de mi vida en la vida religiosa y quien sabe que más aventuras voy a experimentar. Esta vida como religiosa de las Hermanas Educadoras de Notre Dame tiene la misión de llevar a todos a la unidad para la cual Jesucristo fue enviado. Con El estoy contenta a seguir la misión hasta el fin.

