Archive for April, 2008
Apr
Soy Lili Dávila Coral, nacida en Perú en un lugar llamado Satipo el 28 de agosto de 1963, vengo de una familia de 5 hermanas y dos hermanos de las cuales yo soy la única religiosa .
Mi primer llamado de querer ser religiosa lo sentí cuando tenía 8 años y estaba en el tercer grado de primaria y mis profesoras de religión y de la catequesis eran las Hermanas Franciscanas, y aunque mis padres no eran tan practicantes de participar y asistir a la misa vivían muchos valores que me enseñaron a querer a Dios. Desde mi niñez y mi adolescencia siempre estuve muy cercana con las hermanas en todo lo que hacían….y yo quería ser como ellas: pero llegué a los 18 años y ya no quería saber nada de ser religiosa y no seguí participando en los encuentros vocacionales; pero nunca dejé de asistir y participar en las misas ni de ser una catequista comprometida. Luego mis padres se trasladaron a vivir en la capital y yo seguí trabajando en toda la pastoral.
Apr
Soy la menor de cuatro hermanos, hijos de inmigrantes. La fe fue muy importante en la toma de decisiones, en la forma de actuar, en sencillos gestos. Me parece que Dios estuvo presente en la vida diaria aunque no hubo momentos de oración en familia en casa.
Mi vida-nada extraordinario – familia, colegio, amigos y amigas. Con el pasar de los años un interrogante grande:
¿Qué voy a hacer con mi vida?
¿A qué me invita Dios?
Sentí que Dios me amaba y me invitaba a hacer ALGO en la vida.
• Como niña chica quería imitar a mi hermana mayor. Resultó que ella entró en la congregación HEND y yo deseaba hacer lo mismo a pesar de llorar amargamente cuando ella entró.
• En la medida que crecía, cambié de opinión. Observé a mi hermana casada y a su esposo e hijas… También me pareció una vida atrayente.
• Las hermanas de Notre Dame que me dieron clase en básico dieron un testimonio alegre: que su vida valía la pena. Me invitaron a ser aspirante durante los años de enseñanza media. Mi respuesta fue un NO definitivo.
• Durante 4ª Año Medio, pensé seriamente en entrar en otra congregación. Hablé con las hermanas y con mis padres. Pero reflexionando, decidí postergar mi decisión por unas situaciones familiares preocupantes.
Apr

La historia de mi vocación es semejante al llamado de Jeremías, “antes de que nacieras, te he llamado” desde el vientre de tu madre. Mi papá, Sebastián Wanner, era un veterano de la segunda guerra mundial. Cuando estuvo en Italia, el Jeep que lo llevaba pasó encima de una mina que explotó. Mi papá y otro compañero que habían bajado se salvaron aunque con heridas profundas. Mi papá pasó dos años en el hospital tratando de curar la amputación de su pierna derecha. Mientras que estuvo en el hospital, mi mamá, Hilda, empezó a consolarlo y animarlo escribiendo cartas. De repente se dejaron de escribir porque no recibían cartas de regreso.
Entonces, al regresar a su casa en el estado de Dakota de Norte, mi padres se encontraron de nuevo y cada uno se preguntaba, “¿porqué me dejaste de escribir?” Mi mamá decía, “No dejé de escribirte, tú fuiste el que me dejó de escribir.” Descubrieron que mis tíos, los hermanos de mi mamá, no querían que su hermana se enamorara y se casara con un impedido e intervenían cuando llegaban las cartas de mi papá.

